La vida comenzó en el océano y el océano sigue siendo el hogar de la mayoría de la fauna y la flora de la Tierra.
Desde 35.000 km de distancia y tal y como lo observan los astronautas, nuestro planeta parece ciertamente el planeta del agua puesto que, del total de la superficie terrestre los océanos recubren el 70,8% (el océano es una masa continua de agua salada), ocupando un volumen de 1380 km3 distribuidos en tres grandes cuencas oceánicas, que tienen una media de profundidad de 3,8 km. Aunque se puede considerar que existe un solo océano mundial intercomunicante , por comodidad se suele dividir la hidrosfera marina en tres grandes océanos: el
Pacífico, el
Atlántico y el
Índico, y una serie de mares adyacentes.
El término de “mar” se ha aplicado a partes del océano más o menos delimitadas de manera bastante arbitraria y en relación a diferentes situaciones.
Las grandes masas de agua, que rodean los continentes, son críticas para la especie humana.
Los océanos contienen aproximadamente 1,35 billones de kilómetros cúbicos de agua lo que representa aproximadamente el 97% del suministro de agua de la Tierra. El agua tiene aproximadamente un 3,5% de sal y contiene rastros de todos los elementos químicos encontrados en la Tierra.
Los océanos son el sustento para la vida, y esto se refleja en la enorme variedad de organismos que viven en ellos, más de 200.000 especies de protistas, plantas y animales. La inmensa mayoría de estas formas, aproximadamente el 98%, viven sobre el fondo marino (
bentónicas), y sólo un 2% nadan libremente en el océano abierto (
pelágicas).
Las condiciones varían mucho de una parte a la otra del océano; esto implica que los seres vivos no son los mismos en todos los lugares. Por ello en los océanos distinguimos distintos tipos de zonas con determinadas características y formas de vida.
Zona Litoral: Es una zona de transición entre el océano y la tierra. Está bien iluminada y en ella encontramos algas, moluscos, equinodermos y otros.
Zona Nerítica: Esta situada a continuación de la zona litoral, sobre la plataforma continental, por lo tanto la profundida es mayor, pero sigue estando bien iluminada. Organismos planctónicos y bentónicos abundan en ella. La zona nerítica o de aguas poco profundas, rodea a los continentes y se extiende hasta los límites de la plataforma continental, hasta alcanzar aproximadamente los 200 m de profundidad. Esta zona es más productiva que el mar abierto, ya que se beneficia de los nutrientes que le llegan desde los ríos y desde las zonas de afloramiento en el borde de la plataforma continental.
Bajo la zona litoral se encuentra la
zona sublitoral o submareal, que siempre queda sumergida. También alberga una rica variedad de animales, así como bosques de algas pardas.
Zona pelágica: El océano abierto se conoce como zona pelágica. A pesar de su inmensidad, la zona pelágica es relativa y biológicamente pobre. No obstante, en zonas de afloramiento donde convergen las corrientes oceánicas, los nutrientes son reutilizados y la productividad puede ser elevada.
Es la más alejada de la costa y está constituida por: Una
zona fótica o zona iluminada en la que encontramos algas y peces y una
zona afótica que a su vez se divide en batial y abisal; al carecer de luz no podemos encontrar vegetación alguna.
- zona pelágica -zona fótica
-zona afótica - zona batial
- zona abisal
La mayoría de la flora del océano consiste en algas microscópicas llamadas
fitoplancton que flota en la superficie y a través de la fotosíntesis produce aproximadamente la mitad del oxígeno que los humanos y el resto de otras criaturas terrestres respiran. Las macroalgas y las kelp son grandes algas fácilmente visibles para el ojo humano. Las plantas marinas con raíces, como las que forman las praderas marinas solo pueden sobrevivir a una profundidad a la que los rayos puedan ayudar a la fotosíntesis, aproximadamente a unos 200 metros.
Sin embargo, la pesca excesiva, los barcos cargados de petroleo que naufragan y la amenaza del calentamiento global amenazan con dejar estas zonas estériles.
Antes de la explotación abusiva por el hombre, se estima que las ballenas consumían al año unos 77 millones de krill antártico (el krill antártico (Euphausia superba) es una especie crustáceo malacostráceo del orden Euphausiacea propia de las aguas frías de los océanos Atlántico y Pacífico en las inmediaciones de la Antártida), mucho más que la totalidad de las capturas de peces, crustáceos y moluscos realizadas por el conjunto de toda la flota pesquera mundial en un año. La enorme población de krill estaba mantenida por el fitoplancton, la base de la cadena alimentaria, que a su vez era abundante por la riqueza en nutrientes del océano antártico.
Bajo la superficie o
zona epipelágica, se encuentran las grandes profundidades oceánicas, caracterizadas por una enorme presión, una oscuridad perpetua y una temperatura constante y próxima a 0°C. La
zona mesopelágica es la “zona crepuscular”, que recibe una luz muy débil y alberga una variada comunidad de animales. Por debajo de la zona mesopelágica hay un mundo en perpetua oscuridad, dividido en tres zonas conocidas como
batipelágica, abisopelágica y hadopelágica. Las formas que viven a grandes profundidades dependen de la escasa “lluvia” de partículas orgánicas que, por encima, escapa a ser consumida por los organismos que hay en esa columna de agua.
Los organismos que van muriendo se hunden desde la zona fótica hacia la batipelágica, en la que los nutrientes quedan inmovilizados.
De las formas bentónicas la mayoría viven en zonas poco profundas del océano y menos de un 1% de ellas viven en el fondo del océano por debajo de los 2000 metros de profundidad.